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Domingo Faustino Sarmiento

Aurelia Vélez Sarsfield, amante y amiga de Domingo Faustino Sarmiento:

Aurelia Vélez Sarsfield, amante y amiga de Domingo Faustino Sarmiento:

Fue una gran dama argentina, de gran inteligencia y muy relacionada. Amiga y amante de Domingo Faustino Sarmiento, con quien lo unió un sentimiento que, al no poder ser concretado, cristianizó un lazo espiritual que duró hasta la muerte. Era hija del jurista Dalmacio Vélez Sársfield, autor del Código Civil, y de Manuela Velázques Piñero, con la que aquél casó en segundas nupcias. Aurelia nació en Buenos Aires el 8 de junio de 1836, después de su hermano Constancio y antes de Rosario. A la excelente educación que recibió la niña contribuyó el padre con sus enseñanzas, surgidas de la decisión de asociarla a sus trabajos en calidad de secretaria. A los diecisiete años se fue de la casa y se casó con su primo hermano, el doctor Pedro Ortiz Vélez, hijo del secretario de Facundo Quiroga. Por motivos que han permanecido en el misterio, el matrimonio se deshizo a los pocos meses, regresando Aurelia junto al padre. La desunión de Sarmiento y su esposa Benita Martínez Pastoriza se concretó cuando esta sorprendió la correspondencia que estos mantenían. A partir de entonces el lazo de Aurelia con aquél se acentuó hasta llegar a convertirse en indispensable complemento espiritual. Contribuyó a ello la cultura de Aurelia, así como su capacidad para interesarse en la política, la literatura y el arte. Estimulada por Sarmiento, escribió páginas interesantes y aconsejó sobre asuntos delicados. Fue quien preparó la candidatura de Sarmiento (que estaba en EEUU) para la presidencia de la República, movió los hilos de la intriga política y lo tuvo informado durante su ausencia. También preparó la recepción al candidato triunfante y fue su amiga más fiel.

Cartas de Sarmiento a Aurelia Vélez:

"He debido meditar mucho antes de responder a su sentida carta de usted, como he necesitado tenerme el corazón a dos manos para no ceder a mis impulsos. No obedecerlo era decir adiós para siempre a los afectos tiernos y cerrar la última página de un libro que sólo contiene dos historias interesantes. La que a usted se liga era la más fresca y es la última de mi vida. Desde hoy soy viejo."

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"Mi vida futura está basada exclusivamente sobre tu solemne promesa de amarme y pertenecerme a despecho de todo; y yo te agrego, a pesar de mi ausencia, aunque se prolomgue, a pesar de la falta de cartas cuando no las escribas. Esos dos años que invocas valen por ti y te reclaman como la única esperanza y alegría en un piélago de dolores secretos que tú no conoces y de estragos causados por nuestro amor mismo. (...) El correo está franco. ¿Por qué no escribes sin intermediarios? Hazlo en adelante y abandona ese tema de las quejas que dan a tus cartas un carácter desabrido, haciendo más insoportable la separación. Necesito tus cariños, tus ideas, tus sentiminetos blandos para vivir. (...) Atravieso una gran crisis de mi vida. Créemelo. Padezco horriblemente, y tú envenenas heridas que deberías curar. Al partir para San Juan, te envío mil besos y te prometo eterna constancia."

 

Extraído de: Textos de ayer para la Argentina de mañana. Miguel Wiñazki.

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